El amante perfecto
El amante la besó como nadie lo había hecho nunca, y su boca se inundó de un sabor almibarado. Él pegó sus labios a su oreja y le regaló las palabras más bonitas del mundo. Sus manos recorrieron su cuerpo desnudo dejando un rastro de pelos erizados. Su corazón comenzó a latir más y más fuerte. Sus manos no sabían si agarrase a las sábanas o a sus firmes muslos. Respiraba cada vez con más fiereza. Notó cómo el calor no paraba de aumentar hasta que estalló en una tremenda llamarada. Cuando abrió los ojos el amante ya no estaba allí, pero todavía podía sentir su presencia y casi tocarlo.
UNA ENORME SONRISA
Ella estaba dormida. En su cara podía contemplarse el cansancio de varios días acumulado. Tenía el rostro pálido donde se le acentuaban unas enormes ojeras. Parecía incluso más delgada que la última vez que la vi. Estaba diferente, no sabría decir exactamente qué era, pero algo en ella había cambiado. Mientras intentaba averiguarlo, abrió los ojos y me dedicó una enorme sonrisa. Tan bella como siempre. Trató de incorporarse, pero no lo consiguió debido a los cables que la tiraban hacia atrás. Casi en un susurro inaudible le dije que no se moviera, a la vez que la besé delicadamente en la mejilla, mientras que con mi mano derecha le acariciaba suavemente el cabello. A pesar de las condiciones, seguía oliendo a su perfume de rosas. El sitio en el que se encontraba me había causado repulsión desde pequeña, y lo evitaba a toda costa. Ese lugar tenía un olor tan intenso y desagradable que nunca había conseguido olvidarlo. Llevaba muchos años si pasearme por aquellos largos pasillos, que ahora me parecían tan diferentes. A pesar de la situación, hice de tripas corazón y mostré mi mejor cara, puesto que en esos momentos mi abuela me necesitaba más que nunca.
Mareado
Era de noche, estaba mareado y desorientado, la cabeza me daba vueltas, me sentía débil y no podía moverme; escuchaba a la gente hablando a mi alrededor, me miraban, podía sentir sus miradas clavándose en mí. El corazón empieza a acelerarse, sé que va a ocurrir algo, una mujer grita, un escalofrío recorre mi cuerpo de pies a cabeza, de repente una luz cegadora, cierro los ojos, empiezo a caer; sé que es el final. Alguien me golpea, escucho a mi madre de fondo – Dígame doctor, ¿es niño o niña?- .
“Necesito tiempo”.
Ana tardó más de lo normal en llegar a casa al salir de trabajar. No había mucho tráfico y el tiempo no invitaba a dar un paseo precisamente. Quería retrasarse todo lo posible. Antes de coger el coche prefirió mirar escaparates. Entró en la librería de la Plaza de Lugo para comprar un libro de fotografía. Lo miraría saboreando un Earl Grey en la cafetería de las mesas de mármol y sillas de color rosa. Aquella cafetería. Los recuerdos invadieron su mente. Cambió de opinión. Huyó apresuradamente en dirección al coche.
Al entrar en casa notó un silencio incómodo. Anduvo lentamente por el pasillo, procurando no hacer ruido con los tacones. La puerta del dormitorio estaba entreabierta dejando ver el armario. Estaba vacío. El espejo del cuarto de baño delataba una ducha rápida. En un arrebato fue corriendo al salón. Faltaban libros y algunos discos. Cayó rendida en el sofáy se durmió rapidamente. En el escritorio una nota: “Necesito tiempo”.
Por fin!
Suena el despertador. Rebusco el teléfono en la mesilla para apagarlo. Las 4.30 de la mañana. Me levanto sin pensarlo.
Salgo de la habitación; los demás ya están despiertos. Me meto en el baño, como algo, reviso el bolso: pasaporte, dinero, cámara de fotos, cargador…Todo bajo control.
Cogemos los bártulos y bajamos. El taxi nos espera en la puerta. Por la calle ambiente de sábado noche y nosotros con la legaña pegada… Tras un corto trayecto estamos en el aeropuerto. Poco a poco llegamos todos. Nuestras caras de sueño se entremezclan con risas nerviosas, comentarios vacíos y chistes fáciles. Todo vale. Nos vamos a Punta Cana y nada puede aguarnos el momento.
O vingador
Ocorrera con anterioridade. Aquel sentimento xa o experimentara. Cada vez que alguén o facía espertaban no seu interior o odio e as ganas de vinganza.
Nesta ocasión foi demasiado. Non podía permitir que seguisen por aquel camiño, afondando máis e máis na ferida.
Chegou a hora. Nunca o volverán facer. A metralladora vaino evitar. Non matarán a ninguén máis nos seus textos. Desta volta serán eles os que morran ao final.
Ironías da vida
Pasou corenta anos da súa vida centrado no seu traballo. Horas e horas compartidas só co seu ordenador e cunha cunca de café que sempre levaba a todas partes. Un día, despois da reunión diaria cos executivos da empresa, dispúxose a cruzar a rúa e, de súpeto, un coche a gran velocidade atravesou a estrada.
Momentos de conmoción. Gritos dos viandantes. Unha aglomeración de persoas se deu lugar ao seu redor.
Permanecía cos ollos abertos. Inmóbil. Sen falar. Só tiña unha pequena brecha na cabeza pola que esvaraban gotas de sangue.
O condutor estaba moi nervioso. Non sabía que facer. Sentou no coche para tranquilizarse e, a súa muller, chamou aos servizos de emerxencia que inmediatamente se achegaron ao lugar e o levaron ao hospital máis próximo.
Despois de permanecer uns días hospitalizado e facéndolle probas, déronlle a alta. Estaba totalmente recuperado do accidente.
A semana seguinte, volveu ao traballo. Xa non era a mesma persoa. Algúns dicían que no momento de ser atropelado visualizou momentos importantes da súa vida. Outros comentaban que “volvera a nacer” e pretendía aproveitar o tempo ao máximo.
Só el sabía porque mudara o seu estilo de vida.
Tres meses despois de ser atropelado morreu de cancro de pulmón.
Grazas a ese accidente puido saber que padecía unha enfermidade terminal e puido gozar dos seus derradeiros días como el quería.
Sempre nos quedará unha dúbida: conseguiu ser feliz neses últimos meses?
El último suspiro
Era de noche. Podía calcular que habían pasado más de treinta minutos desde que “La mano” se llevara al último de ellos. Ahora sólo pensaba en que su final estaba cerca y que pronto exhalaría el suspiro definitivo. ¿Cómo se sentiría en ese momento? ¿A qué se enfrentaría?. Había pasado toda la noche pensando en sus compañeros y en el enigmático desenlace que le esperaba y, por primera vez, un rayo de esperanza le recorrió el cuerpo, pues por fin había logrado asimilar y aceptar que su cometido en la vida tenía, por desgracia, ese triste final. Y en cierto modo se sintió aliviado al pensar que todas sus preocupaciones desaparecerían de golpe. También pensaba en que se reuniría con sus compañeros en algún lugar desconocido y que éstos, llegado el momento, habían afrontado su misión con valentía, tal y como haría él. Por eso, cuando la luz volvió a inundar la estancia él ya no tenía miedo. Sabía que había sido creado para ese fin: ser el disfrute del hombre, calmar la ansiedad que le provoca la falta de nicotina en su cuerpo. Era un buen cigarrillo y ahora le tocaba a él cumplir con su misión.
Ese aparato
Un aparato que nos puede conectar con cualquier parte del mundo, que nos comunica con aquellos que queremos y nos ayuda a “acortar” distancias, un invento fascinante de uso diario que ha revolucionado la industria de las telecomunicaciones.
Así es , pequeño, rectangular, con botones con números, con pantalla (ahora táctil), con altavoz y micrófono, utilizado como despertador en muchas ocasiones o para navegar por internet, y siempre con nosotros como una parte más del cuerpo. Es algo que llevamos a todas partes, nunca puede faltar en nuestros viajes. Es personal, íntimo, en él puedes acumular gran cantidad de información: números de teléfono, fotos, mensajes, música, juegos, la lista de la compra…Puede ser elegante, fino, con tapa deslizante con tapa de abrir, con cámara de fotos, radio, cuatribanda, 3G…
Prácticamente se puede decir que sin él no seríamos lo mismo. Nos faltaría la alegría que se siente al oír la canción que suena como aviso de que alguien se está acordando de ti en ese preciso momento, que necesita decirte algo o simplemente hablar contigo un rato. Esa persona que busca tu número en la agenda y aprieta ese botón verde para que en unos segundos te pueda tener aunque no te pueda tocar, sentir ni ver.
La magia de la telefonía móvil sin la que hoy en día sería imposible concebir la vida.
Paz y amor
Cada vez que alguén abría a porta, o ruído facíase o dono do espazo. “Que diferente de onte, que era todo silencio”, pensaba Rosa mentres lle daba unha calada ao cigarro. “A vida é ruído”, filosofou.
Hoxe houbo sorte e o redactor xefe mandouna ir a un encontro de palilleiras, pero a noite anterior mandouna cubrir para o xornal o descubrimento de dous cadáveres no fondo dun pozo. “Vaia profesión!”, concluíu. “Aquí vese a cara oculta da sociedade. Ben, -consolouse- hai outros traballos peores. Ser policía, médico ou enfermeira ten que ser moito máis difícil”.
Rosa seguiu fumando á porta do polideportivo en que se celebraba o encontro de palilleiras. “Que tempos! Como se van traer fillos a este mundo! Igual é que agora estou máis sensible, antes non pensaba nestas cousas, pero de seguir así, voulle dicir ao meu director que non me mande temas de sucesos nin de tribunais. Claro que igual a onde me manda é ao paro. Se se poidese elixir sobre o que se quere escribir…”, reflexionou.
“Polo menos se hoxe remato cedo, poderemos saír a cear, ou mellor quedamos en casa e falamos”.
Tirou a cabicha no chan e pisouna co pé. “A ver que cara se lle queda a Luís cando lle diga que esta mañá me saíron dúas raias rosas”.
Deu media volta e, xusto cando ía hacia a porta, esta abriuse de golpe e saíron dous nenos correndo un detrás doutro, xogando a pillarse. Entre risas, o que ía diante gritou:
-Paz y amor! (y el plus pal salón).
2 comments